miércoles, 5 de julio de 2023

María Goretti, Santa, Virgen y Mártir

Martirologio Romano: Santa María Goretti, virgen y mártir, que en el transcurso de una infancia difícil, ayudando a su madre en las labores de la casa, se distinguió ya por su piedad. Cuando no contaba más que doce años, murió en defensa de su castidad, a causa de las puñaladas que le asestó un joven que intentaba violarla cuando se hallaba sola en su casa, cercana a la localidad de Nettuno, en la región del Lacio, en Italia ( 1902).



Hoy celebramos a Santa María Goretti, una joven que vivió la virtud de la pureza hasta el heroísmo.
Una santa que prefirió morir antes que ofender a Dios.

Un poco de historia...

Santa María Goretti nació en 1890 en Italia. Su padre, campesino, enfermó de malaria y murió.

Una tarde, María estaba sentada en lo alto de la escalera de la casa, remendando una camisa. Aunque aún no cumplía los doce años, era ya una mujercita.

Alejandro, un joven de 18 años, subió las escaleras con intención de violar a la niña. María opuso resistencia y trató de pedir auxilio; pero como Alejandro la tenía agarrada por el cuello, apenas pudo protestar y decir que prefería morir antes que ofender a Dios. Al oír esto, el joven desgarró el vestido de la muchacha y la apuñaló brutalmente. Ella cayó al suelo pidiendo ayuda y él huyó.



María fue transportada a un hospital, en donde perdonó a su asesino de todo corazón, invocó a la Virgen y murió veinticuatro horas después.ro fue condenado a 30 años de prisión. Por largo tiempo, fue obstinado en no arrepentirse de su pecado, hasta que una noche, tuvo un sueño en el que vio a la niña María, recogiendo flores en un prado y luego ella se acercaba a él y se las ofrecía. A partir de ese momento, cambió totalmente y se convirtió en un prisionero ejemplar. Se le dejó libre al cumplir 27 años de su condena. Al salir de la cárcel, una noche de Navidad, la de 1938, pidió perdón a la mamá de María, y aquella noche, en la misa de Gallo, comulgaron juntos.

El caso de María Goretti se extendió por todo el mundo. En 1947, el Papa Pío XII la beatificó y en 1950 la canonizó. En la ceremonia estuvieron presentes su madre, de 82 años, dos hermanas y un hermano. Y, aunque parezca increíble, también asistió Alejandro, el arrepentido asesino de la santa.

Santa María Goretti fue santa no por el hecho de tener una muerte injusta y violenta, sino porque murió por defender una virtud inculcada por la fe cristiana. A esta santa se la llama la “Mártir de la pureza”. Sus imágenes la representan como una campesina con un lirio en la mano, que es el símbolo de la virginidad, y con la corona del martirio.

María Goretti era una muchacha soltera que conocía el valor del matrimonio y de las relaciones sexuales. Sabía que la complementariedad de los sexos se manifiesta plenamente en el acto sexual, en el cual el hombre y la mujer se unen íntima y totalmente en alma y cuerpo por el amor que existe entre ellos. Entendía que el acto sexual sólo puede efectuarse dentro del matrimonio ya que es una manifestación de amor entre los esposos y para la procreación de los hijos.

Los jóvenes podrán preguntarse: ¿Hasta el matrimonio? ¡Faltan “miles de años”! Y mientras... ¿qué? Pueden aprovechar el tiempo del noviazgo para conocerse, tratarse, vivir en amistad y hacerse felices el uno al otro. El noviazgo es una preparación para el futuro matrimonio.


Extaído de la página Catholic.net

La Vida de Santa María Goretti en el cine

Hay dos películas que lograron ilustrarnos la vida de Santa María Goretti 


Cielo sobre el pantano (en italiano, Cielo sulla palude) es una película dramática italiana de 1949 dirigida por Augusto Genina y protagonizada por Rubi D'Alma, Michele Malaspina, Inés Orsini y Domenico Viglione Borghese. El film describe la vida de la santa Maria Goretti. Augusto Genina fue premiado con el Nastro d'Argento al mejor director por el film.1​ En 2008 la película fue seleccionada para entrar en la lista de las 100 películas para ser salvadas.







viernes, 3 de junio de 2022

Corpus Christi 2022: Historia de la Solemnidad

 


A fines del siglo XIII surgió en Lieja, Bélgica, un Movimiento Eucarístico cuyo centro fue la Abadía de Cornillón fundada en 1124 por el Obispo Albero de Lieja. Este movimiento dio origen a varias costumbres eucarísticas, como por ejemplo la Exposición y Bendición con el Santísimo Sacramento, el uso de las campanillas durante la elevación en la Misa y la fiesta del Corpus Christi.

Santa Juliana de Mont Cornillón, por aquellos años priora de la Abadía, fue la enviada de Dios para propiciar esta Fiesta. La santa nace en Retines cerca de Liège, Bélgica en 1193. Quedó huérfana muy pequeña y fue educada por las monjas Agustinas en Mont Cornillon. Cuando creció, hizo su profesión religiosa y más tarde fue superiora de su comunidad. Murió el 5 de abril de 1258, en la casa de las monjas Cistercienses en Fosses y fue enterrada en Villiers.

Desde joven, Santa Juliana tuvo una gran veneración al Santísimo Sacramento. Y siempre anhelaba que se tuviera una fiesta especial en su honor. Este deseo se dice haber intensificado por una visión que tuvo de la Iglesia bajo la apariencia de luna llena con una mancha negra, que significaba la ausencia de esta solemnidad.

Juliana comunicó estas apariciones a Mons. Roberto de Thorete, el entonces obispo de Lieja, también al docto Dominico Hugh, más tarde cardenal legado de los Países Bajos y a Jacques Pantaleón, en ese tiempo archidiácono de Lieja, más tarde Papa Urbano IV.

El obispo Roberto se impresionó favorablemente y, como en ese tiempo los obispos tenían el derecho de ordenar fiestas para sus diócesis, invocó un sínodo en 1246 y ordenó que la celebración se tuviera el año entrante; al mismo tiempo el Papa ordenó, que un monje de nombre Juan escribiera el oficio para esa ocasión. El decreto está preservado en Binterim (Denkwürdigkeiten, V.I. 276), junto con algunas partes del oficio.

Mons. Roberto no vivió para ver la realización de su orden, ya que murió el 16 de octubre de 1246, pero la fiesta se celebró por primera vez al año siguiente el jueves posterior a la fiesta de la Santísima Trinidad. Más tarde un obispo alemán conoció la costumbre y la extendió por toda la actual Alemania.

El Papa Urbano IV, por aquél entonces, tenía la corte en Orvieto, un poco al norte de Roma. Muy cerca de esta localidad se encuentra Bolsena, donde en 1263 o 1264 se produjo el Milagro de Bolsena: un sacerdote que celebraba la Santa Misa tuvo dudas de que la Consagración fuera algo real. Al momento de partir la Sagrada Forma, vio salir de ella sangre de la que se fue empapando en seguida el corporal. La venerada reliquia fue llevada en procesión a Orvieto el 19 junio de 1264. Hoy se conservan los corporales -donde se apoya el cáliz y la patena durante la Misa- en Orvieto, y también se puede ver la piedra del altar en Bolsena, manchada de sangre.

El Santo Padre movido por el prodigio, y a petición de varios obispos, hace que se extienda la fiesta del Corpus Christi a toda la Iglesia por medio de la bula "Transiturus" del 8 septiembre del mismo año, fijándola para el jueves después de la octava de Pentecostés y otorgando muchas indulgencias a todos los fieles que asistieran a la Santa Misa y al oficio.

Luego, según algunos biógrafos, el Papa Urbano IV encargó un oficio -la liturgia de las horas- a San Buenaventura y a Santo Tomás de Aquino; cuando el Pontífice comenzó a leer en voz alta el oficio hecho por Santo Tomás, San Buenaventura fue rompiendo el suyo en pedazos.

La muerte del Papa Urbano IV (el 2 de octubre de 1264), un poco después de la publicación del decreto, obstaculizó que se difundiera la fiesta. Pero el Papa Clemente V tomó el asunto en sus manos y, en el concilio general de Viena (1311), ordenó una vez más la adopción de esta fiesta. En 1317 se promulga una recopilación de leyes -por Juan XXII- y así se extiende la fiesta a toda la Iglesia.

Ninguno de los decretos habla de la procesión con el Santísimo como un aspecto de la celebración. Sin embargo estas procesiones fueron dotadas de indulgencias por los Papas Martín V y Eugenio IV, y se hicieron bastante comunes a partir del siglo XIV.

La fiesta fue aceptada en Cologne en 1306; en Worms la adoptaron en 1315; en Strasburg en 1316. En Inglaterra fue introducida de Bélgica entre 1320 y 1325. En los Estados Unidos y en otros países la solemnidad se celebra el domingo después del domingo de la Santísima Trinidad.

En la Iglesia griega la fiesta de Corpus Christi es conocida en los calendarios de los sirios, armenios, coptos, melquitas y los rutinios de Galicia, Calabria y Sicilia.

Finalmente, el Concilio de Trento declara que muy piadosa y religiosamente fue introducida en la Iglesia de Dios la costumbre, que todos los años, determinado día festivo, se celebre este excelso y venerable sacramento con singular veneración y solemnidad; y reverente y honoríficamente sea llevado en procesión por las calles y lugares públicos. En esto los cristianos atestiguan su gratitud y recuerdo por tan inefable y verdaderamente divino beneficio, por el que se hace nuevamente presente la victoria y triunfo de la muerte y resurrección de Nuestro Señor Jesucristo.


Extraído de: Aciprensa

martes, 6 de julio de 2021

Datos que quizás no sabías de Santa María Goretti

 

El nombre de Santa María Goretti está asociado principalmente a la virtud de la castidad, sin embargo hay otros aspectos de su vida que probablemente no son muy conocidos y que valen la pena imitar para crecer en la fe.

Aquí presentamos once cosas sobre esta “dulce mártir de la pureza”, como la llamó el Papa Pío XII.


1. Trabajó desde pequeña

Una biografía suya publicada en Vatican News indica que María nació el 16 de octubre de 1890 en Italia, en el seno de una familia pobre que se trasladó desde la provincia de Ancona hasta la localidad Ferriere di Conca, en la provincia de Lazio, para trabajar los campos del conde Mazzoleni.

Allí la niña vendía huevos, preparaba la comida para los campesinos, remendaba ropas y cuidaba de sus hermanos menores.


2. Fue una hija ejemplar

Vatican News señala que tras la muerte de su padre Luigi Goretti, María “sintió que tenía que apoyar a su mamá que se quedó sola cuidando a la familia”.

Ella se encargó de hacer los quehaceres y de atender a sus hermanos. Incluso prefería comer lo que sobraba de las comidas para que todos se alimentasen bien.

Por dificultades económicas, su familia se asoció con los Serenelli, quienes no tenían un buen comportamiento y eran déspotas.

Para calmar la angustia de su madre Assunta, María le decía: “Ánimo, mamá, no tengas miedo, que ya nos hacemos mayores. Basta con que el Señor nos conceda salud. La Providencia nos ayudará. ¡Lucharemos y seguiremos luchando!”.


3. Prefería morir antes que decir una mala palabra

Un día María compartió a su madre la indignación que sintió al escuchar un intercambio de palabras obscenas entre un muchacho y una de sus compañeras.

Assunta le dijo: “Pues lo que te entre por una oreja que te salga por la otra. Mira, hija, como tú te sorprendes de las cosas de los otros, otros pueden sorprenderse con las cosas que tú hagas”.

Entonces la niña respondió: “Si yo alguna vez he de hablar así, prefiero morirme antes”.


4. No fue a la escuela

En un mensaje, San Juan Pablo II indicó que Santa María Goretti no pudo ir a la escuela por “las dificultades de la pobreza”.

Sin embargo, ella y sus cinco hermanos fueron “educados por los padres en el respeto a sí mismos y a los demás, así como en el sentido del deber cumplido por amor a Dios”.


5. Con ayuda de su pueblo hizo la Primera Comunión

Santa María Goretti ansiaba recibir la Eucaristía desde pequeña y cuando le manifestó ese deseo a su madre, esta le dijo: “¿Cómo vas a tomarla, si no te sabes el catecismo? Además, no sabes leer, no tenemos dinero para comprarte el vestido, los zapatos y el velo y no tenemos ni un momento libre”.

La niña le respondió: “¡Pues nunca podré tomar la Comunión, mamá! ¡Y yo no puedo estar sin Jesús!”.

Sus vecinos la ayudaron en su preparación para el sacramento e incluso consiguieron las prendas que necesitaba para ese gran día.

Así, María hizo su Primera Comunión el 29 de mayo de 1902 a los once años de edad, un año antes de lo que se acostumbraba en la época.


6. Encontraba consuelo en la oración

A los diez años María perdió a su padre, sin embargo, buscó consuelo en la oración, especialmente en el rezo del Rosario.

La santa también buscó refugio en la Virgen ante las propuestas indecentes de Alessandro Serenelli, y las amenazas de muerte que este le hacía debido a los rechazos de María.


7. Resistió un intento de violación

El 5 de julio de 1902, Alessandro aprovechó que María estaba sola en casa e intentó violarla. Pero ella se resistía gritando “¡No! ¡Es un pecado! ¡Dios no quiere eso!”, y le advertía que podía ir al Infierno.

Cegado por la rabia, el joven la apuñaló catorce veces con un punzón. Las heridas afectaron su corazón, su pulmón izquierdo, su diafragma y sus intestinos.


8. Ofreció sus sufrimientos a la Virgen María

Luego que su madre y el padre de Alessandro la encontraran, María fue llevada a un hospital cercano. Los médicos se sorprendieron de que no hubiera muerto por la gravedad de sus heridas. La operaron para tratar de salvarla y debido a su delicado estado no pudieron colocarle anestesia.

Ella no se quejaba de los dolores y ofreció sus sufrimientos a la Madre de Dios.


9. Perdonó a su agresor antes de morir

Antes de fallecer, el sacerdote le preguntó: “María, ¿perdonas de todo corazón a tu asesino?”. Ella respondió: “Sí, lo perdono por el amor de Jesús, y quiero que él también venga conmigo al Paraíso. Quiero que esté a mi lado... Que Dios lo perdone, porque yo ya lo he perdonado”.

San Juan Pablo II destacó este gesto y afirmó que “el espíritu del perdón animaba las relaciones de toda la familia Goretti y, por esta razón, pudo expresarse con tanta espontaneidad en la mártir”.


10. Su asesino se convirtió

Alessandro Serenelli fue condenado a 30 años de cárcel y parecía que no tenía ningún remordimiento por su crimen. Pero se arrepintió tras ser visitado por el entonces Obispo de Noto, Mons. Giovanni Blandini, y tener un sueño donde María derramó sobre él catorce lirios, la misma cantidad de veces que la apuñaló.

Cuando salió libre, buscó a la madre de la santa para pedirle perdón. Años después, Alessandro colaboró con su testimonio en la causa de beatificación. También fue admitido en la Tercera Orden de San Francisco.


“El asesino de María Goretti reconoció la culpa cometida, pidió perdón a Dios y a la familia de la mártir, expió con convicción su crimen y durante toda su vida mantuvo esta disposición de espíritu. La madre de la santa, por su parte, le ofreció sin reticencias el perdón de la familia”, destacó San Juan Pablo II.


11. Una de sus hermanas se hizo religiosa

Según indica el sitio web oficial del Santuario de Corinaldo, el día de su martirio, la santa estaba cuidando de su hermana de dos años, Teresa Goretti, antes de que Alessandro se llevara a María para intentar violarla.

Teresa despertó y empezó a llorar al escuchar los gritos de María. Este llanto hizo que Assunta y el padre de Alessandro regresaran a la casa desde el campo y encontraran a la santa malherida.

El 23 de octubre de 1920, Teresa ingresó como religiosa en el instituto de las Hermanas Franciscanas Misioneras de María y tomó el nombre de Sor María de San Alfredo.

Se encontró en septiembre de 1969 con el Beato Pablo VI y en 1979 con San Juan Pablo II.

Falleció el 25 de febrero de 1981 en un convento de su instituto en la ciudad italiana de Orvieto.

Contenido extraído de: ACIPRENSA

viernes, 21 de mayo de 2021

EL ESPÍRITU SANTO


Según el Catecismo de la Iglesia Católica, el Espíritu Santo es la "Tercera Persona de la Santísima Trinidad". Es decir, habiendo un sólo Dios, existen en Él tres personas distinas: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Esta verdad ha sido revelada por Jesús en su Evangelio.

El Espíritu Santo coopera con el Padre y el Hijo desde el comienzo de la historia hasta su consumación, pero es en los últimos tiempos, inaugurados con la Encarnación, cuando el Espíritu se revela y nos es dado, cuando es reconocido y acogido como persona. El Señor Jesús nos lo presenta y se refiere a Él no como una potencia impersonal, sino como una Persona diferente, con un obrar propio y un carácter personal.


El Espíritu Santo, el don de Dios

"Dios es Amor" (Jn 4,8-16) y el Amor que es el primer don, contiene todos los demás. Este amor "Dios lo ha derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos ha sido dado". (Rom 5,5).

Puesto que hemos muerto, o al menos, hemos sido heridos por el pecado, el primer efecto del don del Amor es la remisión de nuestros pecados. La Comunión con el Espíritu Santo, "La gracia del Señor Jesucristo, y la caridad de Dios, y la comunicación del Espíritu Santo sean con todos vosotros." 2 Co 13,13; es la que, en la Iglesia, vuelve a dar a los bautizados la semejanza divina perdida por el pecado. Por el Espíritu Santo nosotros podemos decir que "Jesús es el Señor ", es decir para entrar en contacto con Cisto es necesario haber sido atraído por el Espíritu Santo.

Mediante el Bautismo se nos da la gracia del nuevo nacimiento en Dios Padre por medio de su Hijo en el Espíritu Santo. Porque los que son portadores del Espíritu de Dios son conducidos al Hijo; pero el Hijo los presenta al Padre, y el Padre les concede la incorruptibilidad. Por tanto, sin el Espíritu no es posible ver al Hijo de Dios, y, sin el Hijo, nadie puede acercarse al Padre, porque el conocimiento del Padre es el Hijo, y el conocimiento del Hijo de Dios se logra por el Espíritu Santo.

Vida de fe. El Espíritu Santo con su gracia es el "primero" que nos despierta en la fe y nos inicia en la vida nueva. El es quien nos precede y despierta en nosotros la fe. Sin embargo, es el "último" en la revelación de las personas de la Santísima Trinidad.

El Espíritu Santo coopera con el Padre y el Hijo desde el comienzo del Designio de nuestra salvación y hasta su consumación. Sólo en los "últimos tiempos", inaugurados con la Encarnación redentora del Hijo, es cuando el Espíritu se revela y se nos da, y se le reconoce y acoge como Persona.

El Paráclito. Palabra del griego "parakletos", que literalmente significa "aquel que es invocado", es por tanto el abogado, el mediador, el defensor, el consolador. Jesús nos presenta al Espíritu Santo diciendo: "El Padre os dará otro Paráclito" (Jn 14,16). El abogado defensor es aquel que, poniéndose de parte de los que son culpables debido a sus pecados, los defiende del castigo merecido, los salva del peligro de perder la vida y la salvación eterna. Esto es lo que ha realizado Cristo, y el Espíritu Santo es llamado "otro paráclito" porque continúa haciendo operante la redención con la que Cristo nos ha librado del pecado y de la muerte eterna.

Espíritu de la Verdad: Jesús afirma de sí mismo: "Yo soy el camino, la verdad y la vida" (Jn 14,6). Y al prometer al Espíritu Santo en aquel "discurso de despedida" con sus apóstoles en la Última Cena, dice que será quien después de su partida, mantendrá entre los discípulos la misma verdad que Él ha anunciado y revelado.

El Paráclito, es la verdad, como lo es Cristo. Los campos de acción en que actúa el Espíritu Santo, son el espíritu humano y la historia del mundo. La distinción entre la verdad y el error es el primer momento de dicha actuación.

Permanecer y obrar en la verdad es el problema esencial para los Apóstoles y para los discípulos de Cristo, desde los primeros años de la Iglesia hasta el final de los tiempos, y es el Espíritu Santo quien hace posible que la verdad a cerca de Dios, del hombre y de su destino, llegue hasta nuestros días sin alteraciones.


Símbolos

Al Espíritu Santo se le representa de diferentes formas:

Agua: El simbolismo del agua es significativo de la acción del Espíritu Santo en el Bautismo, ya que el agua se convierte en el signo sacramental del nuevo nacimiento.

Unción: Simboliza la fuerza. La unción con el óleo es sinónima del Espíritu Santo. En el sacramento de la Confirmación se unge al confirmado para prepararlo a ser testigo de Cristo.

Fuego: Simboliza la energía transformadora de los actos del Espíritu.

Nube y luz: Símbolos inseparables en las manifestaciones del Espíritu Santo. Así desciende sobre la Virgen María para "cubrirla con su sombra". En el Monte Tabor, en la Transfiguración, el día de la Ascensión; aparece una sombra y una nube.

Sello: Es un símbolo cercano al de la unción. Indica el carácter indeleble de la unción del Espíritu en los sacramentos y hablan de la consagración del cristiano.

La Mano: Mediante la imposición de manos los Apóstoles y ahora los Obispos, trasmiten el "don del Espíritu".

La Paloma: En el Bautismo de Jesús, el Espíritu Santo aparece en forma de paloma y se posa sobre Él.


Artículo extraído del blog ACIPRENSA

lunes, 19 de octubre de 2020

HOY ESTAMOS DE FIESTA


Cada 19 de octubre, la Iglesia Católica celebra a San Pablo de la Cruz, fundador de los Padres y Hermanas Pasionistas (Congregación de la Pasión), quien invitaba a obrar “de manera que todos vean que llevas, no sólo en lo interior, sino también en lo exterior, la imagen de Cristo crucificado, modelo de toda dulzura y mansedumbre”.

Pablo de la Cruz, cuyo nombre de pila fue Pablo Francisco Danei Massari, nació en Ovada, Italia, en 1694. Sus padres lo educaron en la fe con gran cuidado. Su madre despertó en él la piedad a la Cruz de Cristo, mientras que su padre le leía frecuentemente vidas de santos, con el propósito de que Pablo se sienta siempre animado a ser mejor.

Cuando Pablo tenía unos 19 años, escuchó en misa al sacerdote predicar sobre la penitencia y la oración. Aquella homilía cambió su vida en muchos aspectos y lo animó definitivamente a consagrarse a Dios. Por aquellos días tuvo un sueño en el que se le aparecía la Virgen María y le revelaba el hábito, el emblema y el estilo de una comunidad religiosa que debería vivir bajo el modelo de Jesucristo crucificado. San Pablo le contó su sueño a su obispo, Mons. Gattinara, quien le propuso llevar un hábito de color negro, el “hábito de la Pasión”. Pablo de la Cruz fue revestido con dicho hábito el 22 de noviembre de 1720. Posteriormente, en la Basílica de Santa María la Mayor de Roma, haría el voto de promover la memoria de la Pasión de Cristo.

Junto con su hermano Juan Bautista emprendieron la misión de establecer la nueva comunidad religiosa. Ambos ya estaban dedicados al servicio de los más pobres y necesitados, teniendo especial atención por los enfermos. Los “pasionistas” pedían limosna para poder ayudar a quienes, con su dolor, se habían asemejado a Cristo sufriente. Cuando las cosas empezaron a tomar forma, Pablo pidió audiencia con el Papa Benedicto XIV, quien aprobó los estatutos para la novísima “Congregación de la Pasión”. Sus miembros estaban destinados a la vida de oración (centrándose en la meditación de la Pasión) y a la proclamación del misterio del sacrificio de Cristo por la humanidad. Poco después Pablo y su hermano fueron ordenados sacerdotes (1727).

El Papa Clemente XIV convocó a San Pablo de la Cruz para que sea su consejero y, como señal de patrocinio a la Orden de la Pasión, le entregó el convento y la Basílica de los Santos Juan y Pablo, que se convertiría en la Casa Madre de los Pasionistas, hasta el día de hoy. Allí, Pablo de la Cruz pasó sus últimos días hasta en 1775, a los 80 años de edad, Dios lo llamó a su presencia

La orden pasionista ha dado muchos frutos de santidad entre los que están San Vicente María Strambi, San Gabriel de la Dolorosa y Santa Gemma Galgani.


Fuente:  https://www.aciprensa.com


miércoles, 8 de julio de 2020


María Goretti: la joven que encarna la revolución del Evangelio...
Hoy celebramos la fiesta litúrgica de S. María Goretti, una niña de 12 años, crecida en el campo del Agro Pontino, hija de trabajadores que habían dejado las marcas para escapar de la miseria y proveer a la familia.
Marietta, como se llamaba, prefiere morir que ceder a los halagos de Alejandro, un joven que quería aprovechar de ella. ′′ Dios no quiere, es pecado... Alejandro, tú vas al infierno...". Marietta muere por múltiples apuñaladas, después de perdonar a su matador: ′′ Lo perdono y lo quiero conmigo en el cielo...".
El mensaje de esta pequeña mártir nos desafía y nos hace pensar, porque está cultural más cerca de lo que pensamos. Probablemente hoy muchos sonríen cuando se habla de pureza, virginidad y castidad. Pero todos seamos serios y capaces de saber si hablamos de conciencia de su dignidad, de exigir que se respeten en su libertad y dignidad. Marietta nos enseña todo esto: respetarte a uno mismo y no llegar a pactos con su conciencia, a costa de la vida; Marietta nos enseña a estar orgullosas de su feminidad y a exigir que sea respetada... Marietta nos da la gran lección del perdón Cristiano, capaz de regenerar a la nueva vida, como el de Jesús. Tras el perdón de Marietta, Alejandro también se arrepiente y vive testificando la misericordia que lo hizo una nueva criatura. Todo esto, y mucho más, nos llega de esta niña que vivió en el pequeño círculo de su familia, pero cuyo mensaje llega ahora al fin del mundo.
Santa María Goretti ruega por nosotros!