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miércoles, 27 de junio de 2018
Santa María Goretti

El 6 de julio es la fiesta de Santa María Goretti, la niña de once años que fue asesinada de 14 puñaladas por resistirse a una violación y que antes de morir perdonó a su asesino; el Papa Pío XII la definió como “pequeña y dulce mártir de la pureza”.
María nació en 1890, en Corinaldo, provincia de Ancona, Italia. Fue hija de Luigi Goretti y Assunta Carlini, siendo la tercera de siete hijos. Al día siguiente de su nacimiento fue bautizada y consagrada a la Virgen.
Su familia era pobre de bienes terrenales, pero rica en fe y virtudes que se cultivaban con la oración en común, el rezo diario del Santo Rosario, la comunión y Misa dominical.
Cuando sólo tenía 11 años, fue apuñalada por Alessandro Serenelli al resistirse a ser violada. Fue llevada al hospital y antes de morir alcanzó a recibir la comunión y la Unción de los enfermos. Partió a la casa del Padre el 6 de julio de 1902.
Cuando Alessandro salió de la cárcel, fue a buscar a la madre de María, quien lo perdonó.
San Juan Pablo II en el 2003 resaltó que “Marietta, como era llamada familiarmente, recuerda a la juventud del tercer milenio que la auténtica felicidad exige valentía y espíritu de sacrificio, rechazo de todo compromiso con el mal y disponibilidad para pagar con el propio sacrificio, incluso con la muerte, la fidelidad a Dios y a sus mandamientos”.
“Hoy se exalta con frecuencia el placer, el egoísmo, o incluso la inmoralidad, en nombre de falsos ideales de libertad y felicidad. Es necesario reafirmar con claridad que la pureza del corazón y del cuerpo debe ser defendida, pues la castidad "custodia" el amor auténtico”, añadió.
martes, 10 de abril de 2018
Historia y vida de nuestra fundadora: Mª Magdalena Frescobaldi
Nuestra historia tiene sus
orígenes en la ciudad de Florencia (Italia) a comienzos del siglo XIX, una
época marcada por grandes convulsiones sociales, políticas y religiosas,
originadas en gran parte por la Revolución francesa y las invasiones
napoleónicas. Es en ese contexto donde encontramos a esta “SAMARITANA de la
CALLE”, que merece la pena conocer.
María Magdalena Frescobaldi nace el 11 de Noviembre de 1771. Es la
tercera hija de los marqueses Frescobaldi-Quaratessi, una familia que vive con
intensidad su fe cristiana. Su madre, mujer de fe y de gran sensibilidad hacia
los más desfavorecidos, es quien se ocupa especialmente de la educación de sus
hijas y les inculca la vida de oración, la lectura meditada de la Pasión y, al
mismo tiempo, el compromiso con los pobres y enfermos del entorno. A los 19
años, como era habitual en su época, se casa con el Marqués Pedro Roberto
Capponi y tiene 4 hijos.
Magdalena fue una mujer probada
por el sufrimiento: perdió a tres hijas de corta edad; tuvo que vivir la
ocupación de los soldados franceses y el exilio en Austria; acompañó a su
marido en su larga enfermedad; tuvo que educar a dos nietas cuando falleció su
nuera… La invasión de Florencia por las tropas de Napoleón llevó a Magdalena, a
su esposo y a su hijo al exilio en Viena.
Encuentro con la pobreza
A su regreso, la primavera de 1803,
Magdalena se encuentra con los graves problemas de su ciudad: la miseria
causada por la guerra, los enfermos sin recursos; las prostitutas y los niños
de la calle.
Magdalena se siente movida
interiormente y, junto a otras compañeras, comienza a prestar su servicio como
voluntaria en el hospital de incurables
“San Bonifacio” de Florencia. Ayudan a dar de comer a los enfermos, los
lavan, les leen libros, enseñan el catecismo… Las enfermas que más le llaman la
atención en el hospital son las mujeres caídas en las redes de la prostitución,
a las que trata con especial cariño. Son mujeres que emigran a la ciudad
buscando un futuro mejor y se encuentran solas, desorientadas, sin recursos,
sin cultura, sin apoyos, siendo victimas de un mundo que les daba la espalda y
las consideraba como simples objetos o recursos. Hoy, en muchos lugares, las
mujeres también sufren discriminación o violencia por el hecho de ser mujeres.
Magdalena cree en la capacidad de
recuperación de la persona. La contemplación del Crucificado, entregado
totalmente por amor, el cariño y la acogida, la educación y la convivencia
diaria tienen la fuerza constructiva necesaria para que la persona recupere su
dignidad y sea una CRIATURA NUEVA. Cree en la educación para formar personas
libres, felices y fuertes y también como prevención del fracaso y de la
marginación.
Queriendo dar respuesta a esta
realidad, en 1812 funda la primera casa “Retiro”, una casa de acogida para las
jóvenes que libremente quieran salir de la vida de la prostitución. El amor
del Crucificado-Resucitado que da su vida por todos, le impulsa a Magdalena a creer en las personas y a
gastar su vida por ellas.
En esa casa, Magdalena pretende
prepararlas para afrontar la vida:
Alfabetizarles y formales en
habilidades para integrarse en el mundo social y laboral.
Acompañarlas educándolas desde el
amor, la comprensión y la cercanía.
Un nuevo PROYECTO de VIDA
El 17 de Marzo de 1815, cuatro jóvenes ex prostitutas comienzan una
nueva forma de vida comunitaria centrada en la memoria de la Pasión de Jesús, a
la luz de la espiritualidad del gran místico Pablo de la Cruz. Estas jóvenes
proceden de la casa que Magdalena había abierto en 1812, para la educación y la
convivencia diaria y su posterior reinserción en la sociedad.
Este pequeño núcleo será el
origen de la Congregación de las Hermanas Pasionistas de San Pablo de la Cruz.
En 1817 Magdalena solicita al General de los Pasionistas, P. Tomás Alvesano, la
unión espiritual con los Pasionistas.
Magdalena escucha el clamor de
las personas crucificadas de su tiempo y conecta con la espiritualidad de San
Pablo de la Cruz (fundador de los Pasionistas). Se preocupa también de que la
nueva comunidad se construya sobre la base de “un solo corazón y una sola alma,
una sola voluntad en el amor”.
En 1832 Magdalena se encuentra
con niñas que, mientras sus padres están trabajando, se encuentran en la calle
desprotegidas en San Romano, pueblo cercano a Florencia. Magdalena quiere dar respuesta a esta
necesidad educativa y abre una escuela para que se formen como personas
responsables.
La vida de Magdalena fue toda
ella un mensaje. Era una gran mujer y una gran educadora que dejó lemas como
“Enseñar, prevenir y educar”, “Educar con amor y perseverancia”. Ella impulsaba
a las primeras hermanas a trabajar con los niños y jóvenes para que fueran
personas autónomas y les educaran en valores humano-cristianos.
El invierno de 1838, María
Magdalena cae enferma y se va debilitando poco a poco. El 8 de Abril de 1839
fallece en su Florencia natal, después de una vida entregada a favor de los más
débiles.
lunes, 2 de abril de 2018
¿Qué es la pascua?

El tiempo pascual comprende
cincuenta días (en griego = "pentecostés", vividos y celebrados como
un solo día: "los cincuenta días que median entre el domingo de la
Resurrección hasta el domingo de Pentecostés se han de celebrar con alegría y
júbilo, como si se tratara de un solo y único día festivo, como un gran
domingo" (Normas Universales del Año Litúrgico, n 22).
El tiempo pascual es el más fuerte
de todo el año, que se inaugura en la Vigilia Pascual y se celebra durante
siete semanas hasta Pentecostés. Es la Pascua (paso) de Cristo, del Señor, que
ha pasado el año, que se inaugura en la Vigilia Pascual y se celebra durante
siete semanas, hasta Pentecostés. Es la Pascua (paso) de Cristo, del Señor, que
ha pasado de la muerte a la vida, a su existencia definitiva y gloriosa. Es la
pascua también de la Iglesia, su Cuerpo, que es introducida en la Vida Nueva de
su Señor por medio del Espíritu que Cristo le dio el día del primer
Pentecostés. El origen de esta cincuentena se remonta a los orígenes del Año
litúrgico.
Los judíos tenían ya la
"fiesta de las semanas" (ver Dt 16,9-10), fiesta inicialmente
agrícola y luego conmemorativa de la Alianza en el Sinaí, a los cincuenta días
de la Pascua. Los cristianos organizaron muy pronto siete semanas, pero para
prolongar la alegría de la Resurrección y para celebrarla al final de los
cincuenta días la fiesta de Pentecostés: el don del Espíritu Santo. Ya en el
siglo II tenemos el testimonio de Tertuliano que habla de que en este espacio
no se ayuna, sino que se vive una prolongada alegría.
La liturgia insiste mucho en el
carácter unitario de estas siete semanas. La primera semana es la "octava
de Pascua', en la que ya por rradición los bautizados en la Vigilia Pascual,
eran introducidos a una más profunda sintonía con el Misterio de Cristo que la
liturgia celebra. La "octava de Pascua" termina con el domingo de la octava,
llamado "in albis", porque ese día los recién bautizados deponían en
otros tiempos los vestidos blancos recibidos el día de su Bautismo.
Dentro de la Cincuentena se celebra
la Ascensión del Señor, ahora no necesariamente a los cuarenta días de la
Pascua, sino el domingo séptimo de Pascua, porque la preocupación no es tanto
cronológica sino teológica, y la Ascensión pertenece sencillamente al misterio
de la Pascua del Señor. Y concluye todo con la donación del Espíritu en
Pentecostés.
La unidad de la Cincuentena que da
también subrayada por la presencia del Cirio Pascual encendido en todas las
celebraciones, hasta el domingo de Pentecostés. Los varios domingos no se
llaman, como antes, por ejemplo, "domingo III después de Pascua",
sino "domingo III de Pascua". Las celebraciones litúrgicas de esa
Cincuentena expresan y nos ayudan a vivir el misterio pascual comunicado a los
discípulos del Señor Jesús.
Las lecturas de la Palabra de Dios
de los ocho domingos de este Tiempo en la Santa Misa están organizados con esa
intención. La primera lectura es siempre de los Hechos de los Apóstoles, la
historia de la primitiva Iglesia, que en medio de sus debilidades, vivió y
difundió la Pascua del Señor Jesús. La segunda lectura cambia según los tres
ciclos: la primera carta de San Pedro, la primera carta de San Juan y el libro
del Apocalipsis.
Extraído de: Blog ACIPRENSA
jueves, 15 de marzo de 2018
¿QUÉ ES LA CUARESMA?
La Cuaresma es el tiempo litúrgico
de conversión, que marca la Iglesia para prepararnos a la gran fiesta de la
Pascua. Es tiempo para arrepentirnos de nuestros pecados y de cambiar algo de
nosotros para ser mejores y poder vivir más cerca de Cristo.
La Cuaresma dura 40 días; comienza
el Miércoles de Ceniza y termina el Domingo de Ramos, día que se inicia la
Semana Santa. A lo largo de este tiempo, sobre todo en la liturgia del domingo,
hacemos un esfuerzo por recuperar el ritmo y estilo de verdaderos creyentes que
debemos vivir como hijos de Dios.
El color litúrgico de este tiempo
es el morado que significa luto y penitencia. Es un tiempo de reflexión, de
penitencia, de conversión espiritual; tiempo de preparación al misterio
pascual.
La duración de la Cuaresma está
basada en el símbolo del número cuarenta en la Biblia. En ésta, se habla de los
cuarenta días del diluvio, de los cuarenta años de la marcha del pueblo judío
por el desierto, de los cuarenta días de Moisés y de Elías en la montaña, de
los cuarenta días que pasó Jesús en el desierto antes de comenzar su vida
pública, de los 400 años que duró la estancia de los judíos en Egipto.
En la Biblia, el número cuatro
simboliza el universo material, seguido de ceros significa el tiempo de nuestra
vida en la tierra, seguido de pruebas y dificultades.
La práctica de la Cuaresma data
desde el siglo IV, cuando se da la tendencia a constituirla en tiempo de
penitencia y de renovación para toda la Iglesia, con la práctica del ayuno y de
la abstinencia.
Conservada con bastante vigor, al
menos en un principio, en las iglesias de oriente, la práctica penitencial de
la Cuaresma ha sido cada vez más aligerada en occidente, pero debe observarse
un espíritu penitencial y de conversión.
Si tenemos la gracia de seguir
felices en la casa paterna como hijos y amigos de Dios, la Cuaresma será
entonces un tiempo apropiado para purificarnos de nuestras faltas y pecados
pasados y presentes que han herido el amor de ese Dios Padre; esta purificación
la lograremos mediante unas prácticas recomendadas por nuestra madre Iglesia;
así llegaremos preparados y limpios interiormente para vivir espiritualmente la
Semana Santa, con todo la profundidad, veneración y respeto que merece. Estas
prácticas son el ayuno, la oración y la limosna.
Ayuno no sólo de comida y bebida,
que también será agradable a Dios, pues nos servirá para templar nuestro
cuerpo, a veces tan caprichoso y tan regalado, y hacerlo fuerte y pueda así
acompañar al alma en la lucha contra los enemigos de siempre: el mundo, el
demonio y nuestras propias pasiones desordenadas. Ayuno y abstinencia, sobre
todo, de nuestros egoísmos, vanidades, orgullos, odios, perezas, murmuraciones,
deseos malos, venganzas, impurezas, iras, envidias, rencores, injusticias,
insensibilidad ante las miserias del prójimo. Ayuno y abstinencia, incluso, de
cosas buenas y legítimas para reparar nuestros pecados y ofrecerle a Dios un
pequeño sacrificio y un acto de amor; por ejemplo, ayuno de televisión, de
diversiones, de cine, de bailes durante este tiempo de cuaresma.
Ayuno y abstinencia, también, de
muchos medios de consumo, de estímulos, de satisfacción de los sentidos; ayuno
aquí significará renunciar a todo lo que alimenta nuestra tendencia a la
curiosidad, a la sensualidad, a la disipación de los sentidos, a la
superficialidad de vida. Este tipo de ayuno es más meritorio a los ojos de Dios
y nos requerirá mucho más esfuerzo, más dominio de nosotros mismos, más amor y
voluntad de nuestra parte.
Limosna, dijimos. No sólo la
limosna material, pecuniaria: unas cuantas monedas que damos a un pobre mendigo
en la esquina. La limosna tiene que ir más allá: prestar ayuda a quien
necesita, enseñar al que no sabe, dar buen consejo al que nos lo pide,
compartir alegrías, repartir sonrisa, ofrecer nuestro perdón a quien nos ha
ofendido. La limosna es esa disponibilidad a compartir todo, la prontitud a
darse a sí mismos. Significa la actitud de apertura y la caridad hacia el otro.
Recordemos aquí a san Pablo: “Si repartiese toda mi hacienda...no teniendo caridad,
nada me aprovecha” (1 Corintios 13, 3). También san Agustín es muy elocuente
cuando escribe: “Si extiendes la mano para dar, pero no tienes misericordia en
el corazón, no has hecho nada; en cambio, si tienes misericordia en el corazón,
aún cuando no tuvieses nada que dar con tu mano, Dios acepta tu limosna”.
Y, finalmente, oración. Si la
limosna era apertura al otro, la oración es apertura a Dios. Sin oración, tanto
el ayuno como la limosna no se sostendrían; caerían por su propio peso. En la
oración, Dios va cambiando nuestro corazón, lo hace más limpio, más
comprensivo, más generoso...en una palabra, va transformando nuestras actitudes
negativas y creando en nosotros un corazón nuevo y lleno de caridad. La oración
es generadora de amor. La oración me induce a conversión interior. La oración
es vigorosa promotora de la acción, es decir, me lleva a hacer obras buenas por
Dios y por el prójimo. En la oración recobramos la fuerza para salir
victoriosos de las asechanzas y tentaciones del mundo y del demonio. Cuaresma,
pues, tiempo fuerte de oración.
Miremos mucho a Cristo en esta
Cuaresma. Antes de comenzar su misión salvadora se retira al desierto cuarenta
días y cuarenta noches. Allí vivió su propia Cuaresma, orando a su Padre,
ayunando...y después, salió por nuestro mundo repartiendo su amor, su
compasión, su ternura, su perdón. Que Su ejemplo nos estimule y nos lleve a
imitarle en esta cuaresma. Consigna: oración, ayuno y limosna.
Extraído de:
http://www.iglesiacatolica.org.pe/cuaresma-2018/tema_02.htm
jueves, 8 de marzo de 2018
8 DE MARZO, DÍA INTERNACIONAL DE LA MUJER
El Día Internacional de la Mujer
del 8 de marzo fue declarado por la ONU en 1975. Dos años después se convirtió
en el Día Internacional de la Mujer y la Paz Internacional. En Estados Unidos
se celebra oficialmente solo desde 1994, a pesar de que en aquel país se
encuentran los orígenes de esta conmemoración. ¿Por qué ese día?
La explicación más verosímil se
enmarca en plena revolución industrial: el 8 de marzo de 1857, un grupo de
trabajadoras textiles decidió salir a las calles de Nueva York para protestar
por las míseras condiciones laborales. Sería una de las primeras
manifestaciones para luchar por sus derechos. Distintos movimientos y sucesos
se sucedieron a partir de ese episodio, que sirvió de referencia para fijar la
fecha del Día Internacional de la Mujer en el 8 de marzo.
El capítulo más cruento de la lucha
por los derechos de la mujer se produjo, sin embargo, el 25 de marzo de 1911,
cuando se incendió la fábrica de camisas Shirtwaist de Nueva York. Un total de
123 mujeres y 23 hombres murieron. La mayoría eran jóvenes inmigrantes que
tenían entre 14 y 23 años.
Fue el desastre industrial más
mortífero de la historia de la ciudad y supuso la introducción de nuevas normas
de seguridad y salud laboral en EEUU.
Según el informe de los bomberos, una colilla mal apagada tirada en un
cubo de restos de tela que no se había vaciado en dos meses fue el origen del
incendio. Los trabajadores no pudieron escapar porque los responsables de la
fábrica habían cerrado todas las puertas de escaleras y de las salidas, una
práctica habitual entonces para evitar robos.
Precedentes del Día Internacional
de la Mujer
Antes de esta fecha, en EEUU, el 28
de febrero de 1909 Nueva York y Chicago ya habían acogido un acto que
bautizaron con el nombre de 'Día de la Mujer', organizado por destacadas
mujeres socialistas como Corinne Brown y Gertrude Breslau-Hunt.
En Europa, fue en 1910 cuando
durante la 2ª Conferencia Internacional de Mujeres Socialistas, celebrada en
Copenhague con la asistencia de más de 100 mujeres procedentes de 17 países, se
decidió proclamar el Día Internacional de la Mujer Trabajadora.
Detrás de esta iniciativa estaban
defensoras de los derechos de las mujeres como Clara Zetkin o Rosa Luxemburgo.
No fijaron una fecha concreta, pero sí el mes: marzo.
Derecho a votar
Como consecuencia de esa cumbre de
Copenhague, el mes de marzo de 1911 se celebró por primera vez el Día de la
Mujer en Alemania, Austria, Dinamarca y Suiza. Se organizaron mítines en los
que las mujeres reclamaron derecho a votar, a ocupar cargos públicos, a
trabajar, a la formación profesional y a la no discriminación laboral.
Coincidiendo con la primera guerra
mundial, la fecha se aprovechó en toda Europa para protestar por las
consecuencias de la guerra.
El color morado
La celebración se fue ampliando
progresivamente a más países. Rusia adoptó el Día de la Mujer tras la
Revolución rusa de 1917. Le siguieron muchos países. En China se celebra desde
1922, mientras que en España se celebró por primera vez en 1936.
El color morado es el color
representativo del Día de la Mujer, y el que adoptan las mujeres o los
edificios como signo de la reivindicación. Fue el color que en 1908 utilizaban
los sufragistas ingleses. En los 60 y los 70 las mujeres socialistas escogieron
este color como símbolo de la lucha feminista y posteriormente se le asoció a
la jornada que se celebra cada 8 de marzo.
fuente: Blog El periódico.com
viernes, 22 de diciembre de 2017
La Navidad, su verdadero
significado
En estos días nuestro mundo está
sumergido en una vorágine mercantilista que poco tiene de cristiano, recordemos
el verdadero significado de la Navidad y preparemos nuestros corazones como un
pesebre adecuado para que Nuestro Señor repose en él.
1.- LA FIESTA DE LA NAVIDAD:
La fiesta de Navidad fue instituida
por la Iglesia en el siglo IV y es originaria de la Iglesia latina y mas
propiamente de la Sede Apostólica de Roma.
Por falta de documentos exactos
sobre el nacimiento de nuestro Señor, no existe una certeza absoluta acerca del
año, que algunos escritores sagrados y profanos señalan entre el 747 y 749 de
la fundación de Roma (del 7 al 5 A.C.), y del día, que han hecho oscilar entre
el 25 de marzo y el 17 de diciembre.
Hay pruebas del este griego y del
oeste latino donde los cristianos intentaban averiguar la fecha del nacimiento
de Cristo mucho antes de que lo empezaran a celebrar de una forma litúrgica,
incluso en los siglos II y III. De hecho, las pruebas indican que la atribución
a la fecha de 25 de diciembre fue una consecuencia de los intentos por
determinar cuándo se debía celebrar su muerte y resurrección.
Para profundizar más sobre este
tema, pueden leer el siguiente artículo: "Calculando la Navidad: la
auténtica historia del 25 de diciembre"
2.- EL 25 DE DICIEMBRE Y LA
NAVIDAD:
La Navidad se celebra el 25 de
diciembre, (visitar el enlace del párrafo anterior para más información sobre
el tema). Navidad no es el 24 de diciembre, es TODO el 25 de diciembre. Eso sí:
Navidad NO ES LA CELEBRACION DE UNA FECHA, SINO DE UN HECHO, el nacimiento del
Salvador, evento absolutamente decisivo en la historia de la salvación. Es
entonces una conmemoración del significado de ese hecho. Se lee en las
profecías:
Porque un niño nos ha nacido, un
hijo se nos ha dado; le ponen en el hombro el distintivo del rey y proclaman su
nombre: "Consejero admirable, Dios fuerte, Padre que no muere, príncipe de
la Paz." (Is 9, 5)
Ese hecho fue de tal magnitud que
todo el cielo lo celebró:
De pronto una multitud de seres
celestiales aparecieron junto al ángel, y alababan a Dios con estas palabras:
"Gloria a Dios en lo más alto del cielo y en la tierra paz a los hombres:
ésta es la hora de su gracia". (Lc 2, 13-14)
Nosotros, los beneficiados con este
hecho, tenemos no solamente motivos sino una verdadera obligación de
celebrarlo.
Como lo importante es el
significado, todo lo anterior se resume en que debemos ser conscientes de que
hubo un día en el que Dios encarnado llegó a nuestras vidas, las cuales deben
estar listas para fructificar bajo su luz ("Yo soy la luz del mundo"
dijo Jesús en Jn 8, 12), de aquí que la temporada de adviento sea de penitencia
y reflexión (ese es el sentido del color morado en los trajes de los sacerdotes
en las misas, el mismo color de la cuaresma). Como dijo el Santo Padre Juan
Pablo II:
"Jesús nace para la humanidad
que busca libertad y paz; nace para todo hombre oprimido por el pecado,
necesitado de salvación y sediento de esperanza."
3.- LA NAVIDAD CRISTIANA Y LA
NAVIDAD CONSUMISTA:
Navidad es una fiesta que está bajo
un ataque tremendo en estos últimos tiempos. Santa Claus ha tomado el lugar de
Jesús-niño y el mall o el centro comercial ha tomado el lugar del templo. Que
triste que el Domingo antes de Navidad los estacionamientos de las Iglesias
estén vacíos y en los centros comerciales sea una hazaña encontrar un lugar
donde estacionar el automovil. Dice la Palabra de Dios:"Donde está tu
tesoro, allí esta tu corazón" (Mat.6:21) ¿Dónde está tu corazón? ¿En un
centro comercial?…. ¿Cuando llegue la tribulación a tu vida, a donde vas a ir a
buscar consuelo y paz? ¿Al centro comercial?
Navidad es una fiesta de cumpleaños
donde se le compran regalos a todos menos al niño que se festeja. Donde se hace
una fiesta y no se invita al homenajeado, donde hoy -tristemente- se trata de
que no se mencione el nombre del niño que nació, su nombre es Jesús.
El Apóstol Pablo, un hombre que un
día fue su enemigo y que se rindió a El, dice que: frente a ese nombre se
doblará toda rodilla en el cielo, en la tierra, y hasta en el infierno y a este
"nombre sobre todo nombre" lo queremos borrar de nuestras vidas.
Para más confusión y desconsuelo en
los últimos años, hemos visto surgir ciertos lideres de distintas
denominaciones cristianas que se han sumado a la campaña de enemigos de la
Navidad. Ellos, desde estaciones radiales gritan: ¡Es una fiesta pagana!, y
basan su "guerra santa" contra la celebración del nacimiento de
Jesús, en la creencia de que en la antigua Roma ese día la fiesta del "sol
invicto"... al diablo no le faltan "casualidades". Otros
estudiosos de la Palabra de Dios reclaman que Jesús no nació en esta fecha y
proponen como solución al tema el olvidarse de esta fiesta. Pobres predicadores
que quieren privar al cristianismo de lo más hermoso de Aquel que le dio vida,
la sensibilidad.
Para los que unen sus fuerzas con
el enemigo aclaremos algunos puntos:
Los cristianos no celebramos
fechas, celebramos hechos. Nosotros nos alegramos y celebramos el hecho de
Aquel que no cabe en el universo quiso nacer de una virgen en este pequeño
planeta del inmenso universo para reconciliar al hombre con su Creador.
Como todo hecho neotestamentario,
la Navidad tiene precedencia bíblica. Inclusive, el día 25 de Diciembre ya era
celebrado en el antiguo pacto.
En 1 Macabeos 4, 52-53 leemos:
"52 El día veinticinco del
noveno mes, llamado Quisleu, del año ciento cuarenta y ocho, se levantaron al
despuntar el alba y ofrecieron un sacrificio conforme a la Ley, sobre el nuevo
altar de los holocaustos que habían erigido"
Obviamente los no católicos no
incluyen este libro en su canon, no lo consideran libro de inspiración divina,
pero no pueden negar su valor histórico.
Judas Macabeo y sus hermanos
ordenaron a los sacerdotes que purificaran el santuario y echaran fuera el
altar profanado. En su lugar se edificó un nuevo altar y en la madrugada del 25
de Quisleu, correspondiente a nuestro mes de diciembre, fue consagrado. La
fachada del templo fue adornada, se encendieron luces y fue grande la alegría
en el pueblo.
También en la madrugada del 25 de
quisleu, los cristianos celebramos el nacimiento de Jesús. Así como el altar
profanado fue echado fuera y se construyó un altar nuevo, así también el
sacrificio antiguo y una ley profanada por preceptos humanos fueron anulados
con el nacimiento del Mesías y un nuevo altar con un sacrificio perfecto fue
instaurado para regocijo y salvación de toda la humanidad.
Este es el verdadero sentido de la
Navidad, cuyo centro es Jesús y no un evento comercial o una fiesta pagana.
Rescatemos la Navidad para Cristo y cantemos con los ángeles de Belén:
"Gloria a Dios en las alturas y Paz en la tierra a los hombres que confían
en Él."
¿Hemos de limitarnos a llenarnos de
signos exteriores, como hermosos adornos, guirnaldas y enormes árboles de
navidad?, ¿hemos de limitarnos a servir opulentas cenas y entregar costosos
regalos?, ¿hemos de limitarnos a arreglarnos y vestirnos lo mejor que podamos?,
todo eso tan sólo son adornos para el exterior.
Recordemos lo que el Señor Jesús
nos dijo:
"Cuiden de ustedes mismos, no
sea que la vida depravada, las borracheras o las preocupaciones de este mundo
los vuelvan interiormente torpes y ese día caiga sobre ustedes de
improviso..." Lucas 21, 34
"¡Ay de ustedes, maestros de
la Ley y fariseos, que son unos hipócritas! Ustedes son como sepulcros bien
pintados, que se ven maravillosos, pero que por dentro están llenos de huesos y
de toda clase de podredumbre. Ustedes también aparentan como que fueran
personas muy correctas, pero en su interior están llenos de falsedad y de
maldad. " (Mt 23, 27-28)
"El Señor le dijo: "Así
son ustedes, los fariseos. Ustedes limpian por fuera las copas y platos, pero
el interior de ustedes está lleno de rapiñas y perversidades. ¡Insensatos!
" (Lc 11, 39-40)
La dureza de la expresión es
significativa, porque el que se concentra tan sólo en lo exterior, está
irrespetando a Dios, siendo que lo sensato es preparar nuestro corazón para que
el Señor venga, hacer renovación de nuestro interior, renovación que no es
posible sin el Señor. Por eso pide el salmista:
"Crea en mí, oh Dios, un
corazón puro, renueva en mi interior un firme espíritu." (Sal 51, 12)
Y es que el Señor no rechaza el
corazón que se convierte honestamente:
"Mi espíritu quebrantado a
Dios ofreceré, pues no desdeñas a un corazón contrito." (Sal 51, 19)
En fin, que esta temporada de
Adviento camino de la Navidad, y la Navidad misma, sean ocasión especial para
que el Señor nos regale un corazón sensato:
"Enséñanos lo que valen
nuestros días, para que adquiramos un corazón sensato." (Sal 90, 12)
"Les daré un corazón nuevo y
pondré en su interior un espíritu nuevo. Quitaré de su carne su corazón de
piedra y les daré un corazón de carne. Así caminarán según mis mandamientos,
observarán mis leyes y las pondrán en práctica; entonces serán mi pueblo y yo
seré su Dios." (Ez 11, 19-20)
Así es que tiene sentido la
Navidad. Así es que tienen sentido los adornos y las celebraciones, pero en la
sencillez que gusta al Señor que es la que conviene a nuestra naturaleza y todo
como testigos de una realidad eterna y no pasajera.
Que esta Navidad sea otra ocasión
para el nacimiento de Jesús pero en nuestro corazón, lo que supone que nazcamos
a la nueva vida como El mismo nos lo enseñó:
"En verdad te digo que nadie
puede ver el Reino de Dios si no nace de nuevo desde arriba". Nicodemo le
dijo: "¿Cómo renacerá el hombre ya viejo? ¿Quién volverá al vientre de su
madre para nacer otra vez?" Jesús le contestó: "En verdad te digo: El
que no renace del agua y del Espíritu no puede entrar en el Reino de Dios. Lo
que nace de la carne es carne, y lo que nace del Espíritu es espíritu".
(Jn 3, 4-6)
Extraído de Catholic.net
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